Evolución histórica del arte ecuestre (II)

EVOLUCION HISTORICA DEL ARTE ECUESTRE.

De la Edad media al S-XIX. 

Con la aparición de las armas de fuego, el caballero dejó de ser el dueño y señor del campo de batalla. A partir de éste momento, la equitación se hará más técnica y el Picadero se transformará en el lugar de trabajo habitual. Durante los siglos XVI al XVIII, se abrirán un gran número de ellos por toda Europa; donde se impondrán las enseñanzas de los maestros de equitación italianos y franceses.  

En toda Europa se aceptará la “monta a la brida”, como la más adecuada, para éste nuevo tipo de equitación, constituyendo la base de los sistemas y métodos de enseñanza futuros. Sin embargo esta enseñanza se revelará ineficaz para preparar “caballos de guerra”, ya que les aculaba, volvía querenciosos y carentes de impulsión.

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Se perfeccionó la doma y aparecieron nuevos movimientos considerados de “Alta Escuela”, como “la cabriola”, “la levada”, “la posada”, “la balotada”, “la corveta” o “la grupada” entre otros; que tenían su origen en los movimientos de defensa que el jinete ejecutaba frente al infante, en el campo de batalla.   

 Con el tiempo y debido a la necesidad de adoptar una posición cómoda para la faena de campo, la técnica de monta a la jineta cambiará. El jinete situará su cuerpo más vertical sobre la silla y la pierna se colocará casi en línea recta hacia abajo y menos flexionada por la rodilla.    

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Jinetes protegidos con la adarga. Representación gráfica del Juego de cañas extraído del libro de Gregorio Tapia y Salcedo

Sin embargo, en España la monta a la jineta será la más popular hasta el S-XVII, evolucionando hacia la realización de diversos ejercicios ejecutados en lugares públicos (plazas, avenidas, etc.), como “los Carruseles” o “los Alardes” o “el alanceamiento de reses”. Con el tiempo estas exhibiciones derivarán en “la Doma Vaquera”, “El Rejoneo a caballo” y “el Acoso y Derribo”. En el resto de Europa, esta forma de montar prácticamente desaparecerá.

El S-XVI marca el fin del “caballero” y el nacimiento del “jinete”. La equitación reflejará, a partir de este momento, un exquisito cuidado por el detalle y la elegancia. El acento puesto sobre la agilidad y la precisión, el rechazo de la fuerza y la sustitución de la tensión sobre el caballo, por la flexibilidad, elasticidad y equilibrio del jinete; así como una preocupación constante y un aumento de la técnica; serán los rasgos prioritarios de la enseñanza.

Da comienzo una etapa de controversia en el panorama hípico, ya que conforme se avanza en el tiempo se van definiendo dos posturas bien diferenciadas: La Franco-Italiana que aboga por la suavidad y el equilibrio, donde el arte ha de predominar sobre el resto. Preconizan una equitación basada en movimientos suaves, potenciando la cadencia de los aires y la flexibilidad en el manejo del corcel. A esta corriente se unirán países como España, Portugal y Gran Bretaña. En el lado opuesto Prusia, Italia y Austria-Hungría que, utilizando también el sistema de monta a la brida, implantarán métodos de doma y adiestramiento más rudos y carentes de brillantez, partidaria de la eficacia, la disciplina y la exactitud de movimientos, frente a cualquier otro matiz.

Estas posturas tendrán su reflejo en las diferentes Escuelas de Equitación que irán apareciendo en éste periodo de tiempo.

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Al adentrarse Europa en el S-XVI, la equitación acapara una gran parte del tiempo de ocio de la nobleza, junto con la esgrima se convertirá en la base del deporte europeo de la época, transformando la espontaneidad deportiva en un ejercicio formal por el cuidado de la regla y la medida, eliminando de éste modo lo instintivo.

En Inglaterra hará aparición una nueva raza de caballo: El “Pura sangre inglés”. (P.S.I.), que marcará una nueva etapa y forma de entender la equitación en Europa. Estos animales enjutos y suaves no eran lo suficientemente robustos como para soportar el peso de un caballero; sin embargo su velocidad les hacía ideales para la caza y los deportes de velocidad y resistencia. Serán elegidos por los maestros de equitación del momento, reemplazando al caballo español en los picaderos y escuelas de equitación. Se perderá reunión, expresividad y vistosidad; sin embargo se ganará en velocidad, resistencia y vigor. 

A partir de la segunda mitad del S-XVI la equitación sufrirá un cambio espectacular en su concepción teórica. El caballo entrará en la esfera de lo deportivo y surgirán numerosos autores, que en siglos posteriores, sentarán los principios de una nueva equitación, basada en la flexibilidad, el equilibrio y la impulsión. Será una equitación instruida basada en lo que los maestros de equitación llamarán “el buen arte de montar a caballo”, que se corresponderá con los grandes espectáculos ecuestres como los “carruseles ecuestres”, que llegarán a ser verdaderas danzas equinas, tan de moda en el S-XVIII 

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1751. Célebre carrera entre Flyning Durchmann y Voltigeur en Newmarket. Los dos mejores P.S.I. del momento.

El Conde Cesar Fiaschi (1523-1592), abrirá en 1539, en la localidad italiana de Ferrara, la primera escuela de quitación, que se puede considerar como tal, a la que acudirán los hijos de las mejores familias, para aprender éste noble arte. Será su contemporáneo, Federico Grisone (¿?-1565), quien modifique los métodos de Fiaschi, dulcificando los mismos, variando el rumbo inicial de la escuela italiana. 

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El francés Pluvinel de la Baume (1555-1620), alumno de Fiaschi, se unirá a ésta corriente y será uno de los primeros en dejar huella en el panorama hípico europeo. Para Pluvinel el jinete debía tratar de entender la psicología del caballo desde el primer momento, afín de obtener el máximo rendimiento del mismo.

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Esta nueva corriente de enseñanza ecuestre, llegará a España, de la mano de jinetes como Eugenio Mançanas, Pedro Aguilar, Juan Segundo o Luis de Bañuelos, entre otros; quienes difundirán sus conocimientos a través de sus obras.

En oposición a sus ideas, el Duque Guillermo de Newcastle (1592-1676), consideraba que los caballos obedecían mejor, movidos por el miedo y el respeto y por ello sus métodos resultaban excesivamente duros en comparación a los de aquel.

Giovanni Pignatelli abrirá a mediados del S-XVI un Picadero en Nápoles, que tendrá como objetivos la enseñara ecuestre a los hijos de familias adineradas y el adiestramiento de caballos para su posterior venta. En su enseñanza, se ayudaba de “dos pilares” situados en el centro del Picadero, cuyo uso ha llegado hasta nuestros días.

El año 1572 ve el nacimiento de la Escuela Española de equitación de Viena. A ella acudirán los mejores maestros y jinetes de equitación del momento para impartir y recibir enseñanzas, convirtiéndose en el centro del saber ecuestre en Europa, hasta la irrupción del francés Robinchon de la Guérnière (1687-1751) en el picadero de Versalles.

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Para Françoise R. de la guerinière el ejercicio de espalda adentro eran el alfa y omega de la doma.

En España la escuela de monta a la gineta”, mantiene su pujanza hasta bien entrado el S-XVII, como puede atestiguarse por los numerosos tratados que a tal efecto se publican en nuestra península. No será hasta 1780, con la apertura de la Academia y Real picadero de Ocaña (1780-1790), cuando se intente unificar los principios y métodos de enseñanza de la equitación. Tanto este Centro, como la “Real academia de equitación de Cádiz” que en 1811 fue dirigida por el Coronel de Caballería D. Francisco de la Iglesia Darrac (1771-1852), no tuvieron continuidad en el tiempo.

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